El tenue frío en la espalda bordada con laboríos esclavizantes que dejaron al bien del ser en cuencas para ahogar su insipidez destinada, le carcomía su volatil pulsación sincrónica; intuición profunda, resistiendo, resistiendo; tal era la tortura que un relampago, cual descarga electrónica, propagación electrotónica y liberación de partículas metahumanas, subitamente, del cielo a la tierra en su suavidad del lago, traía suficiente agua como para desbordar su serena ausencia. Nube de inundación que vaporizando sus, cuantos ya no reconozibles copos de sudor helado, congelaban su funda carnal cual pelaje ártico: su irresolvible polaridad.

Diluía en sus parpados el nacer de la conmoción espectral, cual divulgue de la liberación de la maldición de Chac y la bendición de Tlaloc. Quien canaliza su entonación inspirada en la visión del aguila azul insiparnte? Solo Bhajan, solo la unificación transcendente, magnética, fundamental. Sólo en su luna que marea al hombre-lobo, hombre-perro, hombre-bestia, hombre-reno, hombre siervo.
Despavorido, salio de facto el humano a buscar su libertad con osadía consedida por su sintonía ambiental. El calor de su vigor, la ebullición del miedo al friolento pertenecer impertinente, oportuno para su vida calcinada, desértcia.
Cual matiz que no hay que enfocar, solo brilla su interioridad reflejada en la infinidad de reverberaciones que se no alcanzan a percibir, en la multidimencionalidad conciente: la formula es un cociente, de tiempo entre espacio y de espacio entre velocidad. Que reflejo sino el sin fin? Vieniete despacio sin más que afrontar, tratbaba nada más de trabar, atolodrar el venidero de corrientes y corridas y masturbaciones mentales.
Corazonada tuvo cual descorazonado capataz, que su torturar le tocaba el alito y reciprocaba tal estridente sonidero de latigazos verbales, en su sordera, como aquel quien sondea su esencia con el silencio, con el estado meditativo de desapeguo terrestre, fruto silvestre, animal del yo.
El cielo dejo venir su opinión a los rostros de los perros quienes alumbran la ceguera de sus amos, al servicio de su voluntad prioritaria; minoritaría era su servidumbre cual siervo cuya corona es la vida de su KABAN. Raiz que crece al cielo, es la que se enraiga a la lluvia de manifestaciones etéreas, cuya solidificación no es más que la significación pausante de la mente conmemorada con el morado del lirio, delirio demente de la mente, cual tremenda tormenta de estanques separados por lo banal, que es lo real, lo simbólico, de donde nace el loto, el barro; quien forma la piel morena de nuestras razas solares: Sahasrara.

Acaban un par de segundos pasando como horas tergibersas en la subliminal voz resonante de la auto-conciencia; esa nocion notariada que apela al discernir, reflexión o reflejo o proyección o dirección.
Per se es de ipso facto una inmaculada autonomía; o acaso la mancha social es de vino?, tal que el carmecí de nuestras propias venas fluye en nuestra piel apache, nuestro ser invigorante.
Mi instrumento de canalización que rebota los movimientos de la notas músicales en armónica coexistencia con el temperamento, la inervación organizada. Un esquema de equilibrio que iguala, el poder del amor propio conferido.

Paz interior, alegría mágica, destino libre, amor porpio, temperamento, coexistencia, intiuición y osadía, sincronía profunda, transmutación reflejada, conmoción, iluminación y radiancia. Que encantada como mi realización ondulenate, me dispara a la presencia eterna y la unión cósmica en la más fina red cristalina.

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