Escribir sobre el deseo implica conocerlo, quizás quererlo, probablemente odiarlo, y de cualquier manera ansiarlo.

Obtenerlo es a priori, al objeto del desgarro, nos hace miserables, nuestras entrañas se convulsionan, el corazón anhela en presto agitato, y en todo lo largo de nuestra existencia nada causaranos mayor sufrimiento, que la frustración de sueños fallidos, y de deseos jamás cumplidos.

Pero esas son nimiedades…

lo que yo deseo es tenerte aquí,

y no estás.