Ayer eran más de tres palabras las que trascendían a mi cosnciencia activa de corazón partido, y sin compartir.
Verde y rosa, pero más que nada brillo y resplandecer, blanco no más, solo vida, pasión, amor magno.
Hablo de justicia, pero no solo de misericordia; hablo de divinidad pero no solo de absolutismo.
Es la omnipresencia del sentir, que resuena y se esparce, que vive a mi alrededor.
Cuando parece que la pura nobleza del pensamiento no le sobra al universo, éste congrega energía y explota.
Y es aquello lo que te eleva y dispara hacia los sinfines del potencial vivo, presente, cambiante, honesto.
Más verde y más rosa, más morado y más rojo, más azul, más turquesa, más naranja y menos negro pero más y más rosa.
Una nube de jolgorio empapa mis alrededores, y la niebla se escabulle entre células, átomos, partículas, micropartículas, cuerdas, membranas y con cada big bang me llenan de intensidad, ánimo, vigor.
Revivo, de pronto, estoy en el mundo de pie, despierto, emanando armonía, invocando esperanza, provocando ventura, admirando bizarría y gozando dicha y bonanza.
Sereno e irresistible, el sentimiento me exita los sentidos, y me exalta la intuición, he de ser un gigante rodeado de enanos, imágen de la confianza y plenitud.
Hoy eran más de siete mil palabras las que activaban mi partido corazón, a ser compartido y trascender a la consciencia colectiva que me completa y enamora.
Me decidí por alcanzar lo que vuela y aprendí a volar; el sol y la luna me susurraron al oído, que lo gritara al mundo entero, por ti, para ti, para mi, por mi, por nosotros, para nosotros:
lúcida, no te apagues, me insipras y te adoro,
es tu gracia, es tu encanto, es tu esplendor,
me emocionas, me incitas, estallo en vehemencia,
que es mi parecer, parece que tu ser, me enloquece, me invita,
me enciende, me alimenta, lo respiro y lo exhalo,
certidumbre del conocimiento y la comprensión,
no lo niego, ni suscito,
lo habito, lo creo, lo soporto, lo apoyo, lo deseó.