Un día atravesando los campos elíseos, el torpe, mientras veía flotar los pétalos arcoiris sintió la presencia de un extraño acontecer por venir.

Frente a él reposaba una rosa, que aferraba su vida a los campos; una rosa roja, luego una amarilla, una negra, una blanca, todas en círculo y en el centro un retrato borroso, un collar en forma de medias lunas que se completaban cual ying yang y que solo de juntarse de esta manera podía revelarse el interior.

El caballero se despojo de el pesado casco compuesto de esmeralda y que brillaba de forma divina, permitiendo el florecer de plantas y flores  a su alrededor, en aquellos campos interminables.

Era uno de ellos, que llego como uno de aquellos y sin transmutar prosiguió su camino como uno de estos.

De rodillas el caballero pudo oler la advertencia que el retrato resguardaba; al inclinarse acercó su mano y tomo el pendiente sin temor ni duda.

Ante la evidente calma que portaba él, captó una cierta re-estructuración tanto en sus alrededores, como en su interior.

Por un momento agudizó su percepción al cerrar sus ojos y limpiar su mente. No existe amenaza alguna en tal paraíso, no hay maldad presente más que la pureza total que expresada en términos no humanos queda fuera de la balanza, la condena u otro juicio o prejuicio terrenal.

Sin embargo algo lo alteraba, una revelación, tal vez; entonces se percató de repente, como una de las rosas estaba atrapada entre las hendiduras de su armadura brillante.

Sin poder entender como es que tal rosa había crecido espinas, intento removerla de su muslo izquierdo y se dio cuenta que otra rosa clavábase en su clavícula derecha.

¿Cómo sin darse cuenta dos rosas habían logrado atravesar algo tan impenetrable como sus vestimentas, cuerpo y alma?

Pronto dedujo que las cinco rosas se encontraban en puntos clave de su cuerpo, bloqueando fuentes vitales, succionando su vida. No cualquiera habría podido desglosar tal encadenamiento de sucesos.

Las rosas lo devoraban; pero la derrota no era lo que le intrigaba, sino la duda interminable del ¿cuando?, ¿como? Siendo un ser tan despierto tan reflejante, tan místico…

Fallaron sus seis sentidos….

En un instante salió del trance; abrió sus ojos, estaba sudando; interpretó entonces, como la duda, el misterio, lo llevaría a su inminente fin.

Se puso de pié y volteó a ver a su hermano, el ilusionista; había él en ese momento saturado las percepciones de reflejos y reducido las posibilidades al sentir curioso de su hermano mayor, quien en estado meditativo buscaba respuestas y encontraba preguntas, como normalmente no suele sucederle.

El torpe sonrió y contraatacó a su hermano, de tal forma que ambos se ayudaran en la interminable exploración y comprensión del YO.

Él, con su armamento rubí, se sintió traicionado por su propio hermano, quién realmente sólo le devolvía el favor.

La luz reveladora se presentó frente a ambos y perdieron toda curiosidad por lo místico, lo sabio intrigante. Decidieron aferrarse a la comprensión y manifestación del amor en ideas fuera del tiempo, del ser, del espacio, del no ser.

En un instante regresó, el caballero de la armadura esmeralda, al momento donde en cuclillas tomaba el pendiente de medias lunas. El caballero entonces lo colocó de vuelta a su lugar de origen y se retiró… conocía ya lo que había dentro de aquel pendiente, defendido por rosas pirañescas que atentan contra el sentir de todo ente que se le acerque en solemne individualismo.

No habría podido, ni con el despertar de su noveno sentido revelar su interior, su retrato; eso era algo que aún no estaba decidido, era algo borroso y misterioso, algo en proceso de manifiesto, debía antes encontrar a la menguante para abrir la luna llena y de esta forma, en sincronía con sus deseos, continuar su prospecto camino hacia la dual formación del amor, felicidad y todo aquello que derive de tal altísima vibración de las cuerdas, que producen su harmoniosa sinfonía cósmica.